Bueno, esperar resultados diferentes haciendo las cosas igual no es de sabios, se dice, pero hacerlo diferente y esperar resultados iguales tampoco lo es.
Procuré continuar mi sueño después de verse interrumpido por una saturación de pendientes que no lograba dar salida ni en sueño ni en vigilia.
Agarré el que mas ruido hacia en ese lugar y tiempo y le aclare el acuerdo al que había llegado, de dormir en la noche, que según esto para eso se había hecho así. Día y noche, así se hicieron, la ultima para dormir, y el primero, el primero, bueno… creo que para algo opuesto. Sin embargo de manera atinada reclamó. La costumbre de resolver asuntos existenciales a deshoras ya estaba hecha y tenia que acabar de recorrer el camino iniciado.
Mi pendiente era que había extraviado un recuerdo: uno de los mas bellos. Únicamente podía oler apenas unas notas de lo que había sido. “Exquisito” – decía la etiqueta sobre la caja de esta unidad memórica.
Consulté con mi fiel compañera perruna. Traté de describirle su olor para ver si me ayudaba a olfatear para encontrar el contenido de esa cajita. ¿La habré dejado en el trabajo? ¿O en algún lugar en la ciudad? A todo me respondía: ¿Y-tú? Pues así era su nombre.
Había una luz muy especial, volteé al cielo a ver la responsable de tal emisión y descubrí en su brillo, un reflejo que llegaba preciso a mi centro. Me desvanecí.
Soñé que me estiraban por arriba y por abajo, como energías opuestas. Queriendo llevarme la una, y queriendo contenerme la otra. Fue doloroso, no sabia que hacer. Por un lado me agradaba la idea de ir a lo nuevo y desconocido, por otro lado… amo estar en donde me encuentro.
Después de algunos movimientos mas de tensegridad, me di cuenta de que no participaba. ¿Y-yo?. Entonces mi conciencia expandió sus limites, y en medio de este contrapunto, hallé mi recuerdo. Un poderoso rayo brotó en mi pecho provocando un estruendoso ruido que escapo con un grito. Desperté con el recuerdo a flor de piel que entonaba en el ambiente, tornado, al mas sublime estadio con-templativo.
Volví a mi alcoba, y cobijado como un ángel entre nubes de sentimientos y algodón tomé, ahora si, un justo, merecido y en forma, descanso.

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