Alberto Fernado Morales Gálvez
Hace tiempo no escribo, con la dulzura de un azucar tan literal como las estrellas. Prefiero a veces, ponerle un a veces a mi recuerdo… Hace ya tantos siglos de momentos e instantes que no escribo un cuento, tan sutil como la fantasía de una realidad vehemente y constante. Pero hoy, hoy es el gran día… Así que, cayendo de nuevo al abismo les deleitaré con el cuento de la taza azul de café ó ¿la taza de café azul?… con sinceridad, no lo recuerdo bien. no recuerdo si ese abismo azul es el poema, o el umbral. Como les dije, ya hace tanto siglo que no escribo con dulzura y no se si es por el olvido o por el recuerdo, expresar en la melodía de esta noche a medio día, a medio día por el ocaso en tanto frío que se respira… Pero en fin, este cuento es sobre los ojos apagados del sentimiento… Por lo general lo que se cuenta tendría que llegar antes pero que sería de mi voz quieta, sin tanta letra de azules café. Y del azul el negro, como verso que derrite la colorida realidad de este mundo vago. Cuando llegó a mi la pirmer palabra, fué solo cuestión de tiempo comprender que era el tiempo la palabra que irradió mi entendimiento… Es decir, la vida es un instante, ¿lo saben?… Pienso que nos podemos perder del último parpadeo si nos la vivimos pensando que dura demasiado, ó muy poco… Pero si contamos también el instante… Esta historia comienza con el misterio de una taza… Y la mano que tomó esa causa. Cuando la mano era joven no buscaba más que mover de instante la batuta que inspiraba el respiro de su piel añeja ya, en miel de amores… Tan joven, tan joven pero añeja… Creció la piel en la miel de abeja que comprendía su entonces anhelo… Como la mirada de quien comprendiera que suya es al alma mia… Así, que cada que pasaba un instante la mano vertía su café y dormían las miradas… La mano sentía su taza, y su piel arrugaba… Pasó la tarde, pasaban las estrellas, pasaron las decadas los momentos y el instante… Y para el gusto de aquella persona, propietaria en cuestión de la dulce melodía de su mano buscando instantes, melodías e inspiraciones… La taza ya no estaba, ni medio vacia, ni medio llena… Antes la buscaba llena, cuando medio vacia sentía la tez, también envejecer en tristeza… A decir verdad, la alegría llegaba, cada vez que la taza estaba casi vacía, pero la persona siempre buscaba y buscaba… Sin dulzor, el amargo de ese buen café… Cuando un día, se rompió la taza y su razón también… El diagnóstico de las albas, le dijeron a aquella persona… Usted tiene esquizofrenía… Aquella persona no se creyó ni una palabra pues casi no comprendía la gravedad de las circunstancias… Ya casi no escuchaba las palabras, ya casi no escuchaba a la razón… Ya casi no escuchaba sus adentros… Tiempo al tiempo, el tempo pasó también desapercibido, y la ironía de sus días se hacia cada vez más profunda, cada vez más tangible un dolor por no tener una taza integra que sorprendente, derramara azul café. Esa mano, esa persona… Es del poeta que escribe estas lineas… Estos versos, estos silencios… ¿Quiéres saber el final del cuento? Encontró su azul café… Encontró del azul el negro en las personas que lo amaban y a quienes el amaba… Encontró su taza rota y la guardó la valoró y le puso un precio infinito… Porque encontró también que el último parpadeo se vive en cada instante, de cada momento… Y no solo eso, esta persona ha visto arcoiris lunares, albas nocturnas y una que otra estrella caer, desvanevcerse, desvivirse, lamentarse y surgir… Esta persona, osea se, yo… Recita poemas bajados del mismo viento.

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