
Esta es una historia del lejano oeste, aunque algo – o mucho – ciertamente no encaja aquí. En este contexto donde todos sabemos no llevar arma en el costado puede hacer que tu vida acabe enseguida, existe un pueblo peculiar. Entre sus habitantes, que los hay de todo tipo, está un joven quien ha osado llevar algo más para desenfundar, algo que es mal visto, y peor visto llevarlo de fuera en este rincón del mundo. Esto le cuelga de un lugar muy intimo y a la vez expuesto, y si es eso, estimado lector, un saco lleno de esperanzas pendiendo del corazón.
Este osado muchacho, a quien llamaremos Osin para efectos prácticos, llevaba años perdido, aunque al mismo tiempo encontrado <: si eso tiene sentido :>, bueno, el punto es que buscaba siempre formas de satisfacer un hueco que le abrieron por medio de un conjuro.
Su felicidad duro escasos siete años desde su nacimiento hasta ese día en que la alineación e los planetas fue utilizada por un hechicero oscuro para dejarle aquellos vacíos por siempre que su desvanecimiento no fuera provocado – unicamente por un acertado emprendimiento de recorrer un tormentoso laberinto.
Osin para este entonces tendrá unos treinta años, mide uno con 77 y lleva barba, ademas del saco por cierto. Ha logrado manejar más o menos bien, dentro de sus posibilidades actuales, las diferentes áreas que componen el perfil de vida de un humano. Cuenta con una familia soportosa, y una segunda familia adoptiva – con ambas pasa finísimos momentos. Tienen un par de amigos, un par de amigas. El tema académico lo brincaremos por el momento. Lo que si es que ha logrado emprender un formidable negocio junto a su hermano y su madre. El se siente orgulloso pues aunque es algo pequeño, lo crearon desde ceros. Solo que Osin no logra llenar el hueco.
Una tarde de trabajo en su taller, ubicado en el cercano oriente, vio a Altimia, la muchacha que cuida los caballos de los vaqueros que llegan de paso al pueblo. La vio muy arreglada, quizá un poco demasiado para su circunstancia, pues el llevaba un par de años secretamente enamorado de ella. El se ruborizó al contemplar semejante bombón listo para la fogata. Altimia apenada miro como se contenía, Osin trato de dejarlo ir mientras cerraba unas cajas – tomo un respiro profundo, se incorporo y disimulo al máximo cuando de nuevo la miro y su hechizo hizo una apertura un poco mas grande en su hueco, haciéndolo dejar caer los hombros y retirarse cabizbajo.
Algo estaba funcionando diferente, lo que había logrado hasta ahora habia sido en buena parte gracias al saco que le colgaba. Sin embargo, había ocasiones como esta que ni siquiera trayendolo lleno lograba contrarrestar el efecto del hechizo. Quizá el hueco estaba vaciando ya hasta el saco.
Regreso a su casa y empezó a reflexionar… y empezó la rueda del ratón de la mente con ideas como: “¿A quien quieres engañar? Aceptalo no sirves para nada”, “Estas tan tonto como un pan”, “Nunca lo lograras”. Afortunadamente recordó aquel ejercicio que le recomendó hacer el doctor de corazones.
Inicio su practica haciendo implosivos movimientos a la vez de explosivos rugimientos -centrándose en su punto de plenitud armónica-. En eso que terminaba su practica, llego un anciano de bastón con ojos quasi-cerrados.

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